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El hartazgo por la inseguridad y la percepción de que las instituciones son omisas están llevando a ciudadanos de distintos puntos de Veracruz a recurrir a la llamada “justicia por propia mano”, un fenómeno que puede terminar en lesiones graves, privación de la libertad e incluso homicidio, dependiendo del resultado y de lo que determinen las investigaciones. Especialistas advierten que, mientras la respuesta institucional no genere confianza, la indignación puede seguir escalando hasta convertirse en violencia colectiva.
El caso más reciente ocurrió en Xalapa la madrugada del lunes 17 de agosto, cuando un hombre señalado por vecinos como presunto responsable del robo de una motocicleta fue retenido, golpeado y amarrado a un poste en la calle Ébano, colonia Veracruz. Horas después fue localizado sin vida, por lo que la Fiscalía General del Estado abrió una investigación para esclarecer lo ocurrido y deslindar responsabilidades. Ante el hecho, la gobernadora Rocío Nahle García anunció que revisaría junto con la alcaldesa Daniela Griego Ceballos la estrategia de seguridad en Xalapa.
De acuerdo con el sociólogo Carlos Chávez Reyes, estos episodios reflejan un fenómeno psicosocial y colectivo relacionado con la percepción de ineficacia, ausencia o distancia de las autoridades encargadas de la seguridad y la procuración de justicia. En contextos de vulnerabilidad y alta incidencia delictiva, explicó, parte de la ciudadanía puede llegar a considerar equivocadamente que la acción directa es la única alternativa para recuperar un sentido inmediato de protección.
El especialista señaló que la indignación compartida puede diluir la responsabilidad individual dentro de una multitud y transformar el miedo y el enojo acumulado en violencia contra quien es señalado como presunto delincuente. Así, lo que comienza como reclamo por seguridad puede terminar en agresiones graves o en la muerte de una persona sin que los ciudadanos tengan facultades para sustituir a las autoridades judiciales.
El problema, por tanto, no se resuelve únicamente después de que ocurre un linchamiento. Chávez Reyes planteó que se deben atender las causas estructurales del hartazgo mediante mayor eficacia y proximidad institucional, programas comunitarios de prevención del delito, recuperación de espacios públicos y fortalecimiento de la cohesión vecinal. Mientras tanto, en Veracruz el mensaje resulta incómodo: cuando la ciudadanía percibe que la respuesta oficial no llega, algunos terminan intentando impartir justicia por cuenta propia, con consecuencias que también pueden constituir delitos


