Mientras desde el gobierno de Rocío Nahle se asegura que el abasto de medicamentos avanza, familias de niños con cáncer, pacientes, médicos y enfermeras volvieron a tomar las calles de Veracruz para denunciar una realidad bastante menos optimista: recetas incompletas, cirugías aplazadas y falta de insumos básicos en hospitales públicos. La movilización del 27 de septiembre partió del Hospital de Alta Especialidad de Veracruz rumbo al Zócalo, donde los manifestantes exigieron soluciones y la salida de Roberto Ramos Alor, coordinador estatal del IMSS-Bienestar.
Las madres denunciaron que medicamentos, material quirúrgico, antibióticos, guantes y otros insumos continúan siendo insuficientes, además de señalar problemas de infraestructura y climatización. El reclamo no llegó solo: desde principios de septiembre trabajadores de la salud ya habían realizado otras movilizaciones por las mismas carencias, incluso con exigencias de destitución para Ramos Alor.
El contraste resulta incómodo para el gobierno morenista: mientras las autoridades aseguran que no existe un desabasto generalizado y reportan supervisiones en hospitales, pacientes y personal médico sostienen que las entregas parciales no resuelven las necesidades de quienes requieren tratamientos o cirugías. El propio gobierno informó que ha identificado faltantes puntuales y que busca redistribuir medicamentos y adquirir directamente los insumos necesarios.
Así, la postal de Veracruz vuelve a ser difícil de maquillar: autoridades hablando de abasto y familias marchando para conseguirlo. Entre supervisiones, promesas de distribución y protestas que se repiten, el problema central sigue siendo el mismo: que los medicamentos y materiales lleguen a tiempo a quienes los necesitan, especialmente cuando se trata de pacientes con enfermedades graves.
