Aunque las elecciones de 2027 todavía están lejos, en Morena ya comenzó el reparto de fichas y con ello también las disputas por las candidaturas. En Veracruz, el partido prepara la definición de sus coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional para los 19 distritos federales y 30 locales, un proceso que será mediante encuestas y cuya convocatoria estatal fue anunciada para septiembre.
Detrás del elegante nombre partidista se encuentra una disputa mucho más terrenal: quién tendrá el control de las candidaturas. La dirigencia nacional ha reconocido que existen inconformidades entre aspirantes mientras avanza la selección de coordinadores en los estados que tendrán elección de gubernatura. Además, los resultados de las encuestas internas no se han hecho públicos, pese a que esas mediciones son el principal mecanismo anunciado para las definiciones.
En Veracruz, el tablero tampoco está precisamente quieto. La gobernadora Rocío Nahle tendrá interés político en la conformación de un Congreso local con el que deberá transitar la segunda mitad de su administración, mientras que las diputaciones federales pueden convertirse en otro espacio de negociación entre los grupos estatales y la dirigencia nacional. Por ahora, lo que abunda son aspirantes, negociaciones y nombres que buscan posicionarse antes de que llegue la hora de las decisiones.
Y si Morena pretende vender la idea de que tiene la elección en la bolsa, los resultados de 2025 dejaron una señal que difícilmente puede ignorarse. En aquellos comicios municipales, Morena y el Partido Verde obtuvieron juntos alrededor de 39.81% de los municipios, de acuerdo con los resultados reportados con 99.9% de las actas contabilizadas, mientras el mapa político veracruzano mostró pérdidas en ciudades importantes.
El desgaste no necesariamente significa una derrota electoral futura, pero sí explica por qué la selección de candidatos puede convertirse en un asunto delicado. Tener estructura, funcionarios y presencia territorial no garantiza por sí solo los votos, y el propio proceso interno de Morena ya ha mostrado en otras entidades que las encuestas y las designaciones pueden generar inconformidades. En Zacatecas, por ejemplo, la selección de su coordinadora provocó reclamos internos y tensiones con el PT.
A esto se suma el factor de los aliados. Morena, PT y PVEM todavía tienen pendientes los acuerdos específicos para 2027; las dirigencias nacionales dejaron abierta la posibilidad de que cada partido defina a sus propios aspirantes antes de determinar las alianzas estatales. En Veracruz, donde el reparto de espacios puede ser especialmente sensible, la unidad de la 4T tendrá que pasar de los discursos a las negociaciones.
Así, mientras Morena presume organización y se prepara para defender su presencia en Veracruz, la realidad interna muestra un escenario bastante menos cómodo: candidaturas pendientes, grupos que buscan posiciones, aliados que también quieren espacios y un antecedente electoral que ya dejó señales de desgaste. El 2027 todavía no empieza, pero dentro de Morena la batalla por el tablero ya está en marcha.
La gran incógnita será si toda esa estructura logra convertirse en unidad cuando llegue la boleta o si las disputas por las candidaturas terminan convirtiéndose en el verdadero problema del partido. Por ahora, Morena puede hablar de encuestas, coordinación y organización; lo que todavía no puede hacer es dar por contado el resultado de una elección que ni siquiera ha llegado.
