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Arturo Marín Mendoza, aspirante a coordinador de los Comités de Defensa de la Transformación de Morena en Cuajinicuilapa, Guerrero, fue asesinado durante un ataque armado la noche del sábado 17 de octubre, en el centro del municipio; su esposa resultó herida. El ganadero había confirmado su registro el 9 de octubre, por lo que el crimen ocurre en plena organización política rumbo al proceso electoral de 2027.
Marín era sobrino de Alejandro Marín Mendoza, exalcalde de Cuajinicuilapa en dos periodos. Tras el ataque, la Fiscalía de Guerrero inició las investigaciones, mientras el subsecretario de Gobierno estatal, Francisco Rodríguez Cisneros, rechazó que el crimen organizado sea quien decida quién llega a las presidencias municipales. Sin embargo, la investigación deberá esclarecer el móvil del homicidio y determinar si existió alguna relación con la actividad política de la víctima.
El caso enciende alertas sobre las condiciones de seguridad para quienes buscan participar en la vida pública, justo cuando los partidos comienzan a mover sus piezas rumbo a las próximas elecciones. Además, Cuajinicuilapa figura entre los municipios donde las reglas electorales locales establecen que los partidos deberán postular exclusivamente a mujeres para la presidencia municipal, aunque Marín aspiraba a una coordinación partidista y no necesariamente a esa candidatura.
La tragedia deja una pregunta incómoda para las autoridades: ¿cómo garantizar procesos políticos seguros cuando un aspirante es asesinado antes de que arranque formalmente la contienda? Mientras los discursos oficiales rechazan la influencia criminal, la prioridad es esclarecer el ataque, proteger a las personas involucradas y evitar que la violencia se convierta en una amenaza para la participación democrática.


